Indicio

Sherlock
Durante la implementación de un proyecto necesitamos ajustar en forma oportuna las operaciones. Para ello requerimos información. El proceso de monitoreo se encarga de proveerla, pero su sostenibilidad depende de la selección cuidadosa de unos pocos indicadores. Así, resignamos niveles de certidumbre en pos de una imprescindible economía de esfuerzos.

Los resultados que encontramos enunciados en la cadena causal de una iniciativa de promoción del desarrollo suelen referir a situaciones sociales complejas, que necesitan ser expresadas mediante conceptos generales. Difícilmente entonces expresen un hecho observable en forma directa. Por ese motivo, para poder conocer si se está logrando alcanzar un resultado, deberemos someter al concepto a un análisis.

En primera instancia, identificaremos sus distintos componentes o dimensiones. En un segundo momento, buscaremos señales que muestren esa dimensión de interés.

Si el resultado a medir fuera “Los niños de la región mejoran su acceso a programas preescolares”, una primera manifestación directa y conmensurable de ello serán las tasas de matriculación en edad preescolar.

No obstante, si interesara hacer hincapié en incorporar a esos programas a los niños desde su primera infancia, buscaremos desagregar esa tasa según la edad de ingreso a la educación preescolar.

Si nos interesara especialmente la dimensión de la equidad social, querremos conocer la tasa de matriculación según el nivel de ingresos del hogar del que provenga el niño.

Si buscáramos observar el resultado desde la perspectiva de la equidad geográfica, podríamos distinguir entre las tasas de matriculación según sea que los niños provengan de ciudades o de entornos rurales.

Si quisiéramos dar cuenta de la equidad de género, interesará medir esa tasa según se trate de niñas o niños.

Y así podríamos seguir. No obstante, desde el punto de vista de concebir un proceso de monitoreo de y para el equipo de gestión, la economía de esfuerzos que habrá de dedicarse adquiere una importancia crucial. Será necesario entonces identificar aquella manifestación observable del resultado capaz de recogerse a un costo razonable. Así, seleccionaremos algunos indicadores y descartaremos con resignación algunos otros que seguramente nos darían mayor certeza.

Supongamos que estamos frente a una iniciativa destinada a mejorar la calidad de vida de familias en situación de pobreza. Para conocer en qué medida estamos logrando eso podríamos recurrir a un indicador sobre los ingresos de las familias.

Los datos sobre el ingreso pueden ser fáciles de recoger y, sin duda, podríamos utilizarlos para referir avances en el logro de mejoras en la calidad de vida. Sin embargo, estaremos conscientes que será tan solo un indicio: si bien a mayores ingresos es probable encontrar mejor calidad de vida, no siempre sucede así.

La correlación entre el indicador y el resultado que buscamos indicar puede existir en determinado momento o situación, y en otras desaparecer, podría presentarse en ciertos grupos de población, pero no en otros.

Por lo tanto, si para un mismo resultado contáramos con varios indicadores, el comportamiento conjunto de esas métricas nos brindaría mayores certidumbres. Sin embargo, en tributo al espíritu de ahorro de esfuerzos que debe animar el proceso gerencial de monitoreo, pocas veces podremos echar mano a esa opción.

En este sentido, quizá el desafío mayor lo encontremos al momento de tener que decidir cuál será ese pequeño conjunto de indicadores. Ese en condiciones de orientarnos entre la bruma de una realidad que siempre dista de ser lo suficientemente diáfana. Indicadores capaces también de proporcionarnos algún indicio de que estamos logrando los resultados buscados.


Para saber más:

InsigniaEl curso-taller Indicios y Señales para la Toma de Decisiones en la Gestión del Desarrollo fue desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo, está destinado a formar a las personas que integran los equipos de un proyecto, con el objetivo de que puedan llevar a cabo ellos mismos procesos de monitoreo y evaluación. Se busca abogar así por una práctica de gestión que incorpore la posibilidad del aprendizaje a medida que transcurre la iniciativa. Aquí el link para acceder a su descripción

Lectura:  Ginzburg, C. (2003) Huellas. Raíces de un paradigma indiciario. En Tentativas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, pp. 93-135. Disponible en: https://www.academia.edu/26293139/Ginzburg_Huellas_Raices_de_un_paradigma_indiciario


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