Empoderamiento, voz, participación: muchos proyectos de género formulan sus resultados con palabras que admiten más de una lectura. Para seguir su avance hace falta acordar primero en qué se manifiestan y cuáles de esas manifestaciones pueden observarse con alguna regularidad.

Imagen: Anónimo, A Versaille a Versaille, du 5 octobre 1789, 1789. En octubre de 1789 miles de mujeres de París caminaron hasta Versalles para reclamar pan. La marcha es lo que suele recordarse. Menos se recuerda que una pequeña delegación de esas mujeres fue recibida por el rey y obtuvo la promesa de que la ciudad sería abastecida. Entre la multitud que avanza por el camino y la delegación que obtiene una respuesta hay una distancia que me parece la más difícil de medir: la que separa hacerse presente de ser escuchada.
En la consulta de presupuesto participativo de 2022 en la Ciudad de México, las mujeres registraron casi el 59 % de los proyectos y emitieron el 61 % de los votos. Si un programa de igualdad hubiera elegido la participación como indicador, el resultado sería para festejar. Las autoras de un estudio reciente sobre esa experiencia prefieren no festejar todavía. Advierten que la mayor presencia numérica no garantiza la igualdad sustantiva y que los datos disponibles no permiten saber qué tipo de proyectos proponen las mujeres ni qué efecto tienen después (Valverde, Varela y Medina, 2026). Sabemos cuántas llegaron. Cuánto pesaron en las decisiones, en cambio, queda fuera de lo que se registra.
Creo que ese hueco dice más sobre los indicadores de género que sobre el presupuesto participativo. Buena parte de los resultados que se proponen los proyectos de género se enuncian con palabras como empoderamiento, agencia, voz o participación. Son palabras necesarias, porque nombran lo que se quiere cambiar. Sin embargo, lo que nombran difícilmente se deja observar de manera directa. Antes de medir, alguien tiene que decidir qué se entiende por cada una y en qué hechos concretos se manifiesta. Cuando esa decisión no se toma de manera explícita, se toma igual, por defecto, y suele recaer en lo que resulta más fácil de contar: asistentes, talleres, espacios creados.
En este mismo espacio, hace pocos días, recorrí las decisiones que convierten un concepto de política en un enunciado medible. Aquí quiero detenerme en el tramo anterior: el que va de la palabra abstracta a sus manifestaciones observables, que es donde se identifican, o se pierden, los indicadores que valen la pena. Tomo como caso un proyecto que busca fortalecer la vocería de las mujeres que representan a organizaciones o comunidades ante los gobiernos locales.
Una palabra, tres proyectos
Cuando un equipo dice que quiere «fortalecer la vocería de las mujeres», puede estar pensando en proyectos muy distintos. Puede aludir a que las mujeres sean consultadas como fuentes autorizadas en los medios, y entonces el indicador natural es la proporción de mujeres entre las fuentes. Puede aludir a que ocupen candidaturas, bancas y cargos, y entonces se miden presencias en listas y gabinetes. O puede aludir a que las mujeres que representan a organizaciones barriales o comunitarias lleven sus demandas ante el municipio y sean escuchadas. Las tres lecturas son legítimas y conducen a indicadores que casi no se tocan.
Elegir una de ellas es la primera decisión de diseño, aunque muchas veces se tome sin advertirlo. Aquí adopto la tercera, que es la más cercana al trabajo de los equipos municipales y de las organizaciones que colaboran con ellos.
Definir antes de medir
Imaginemos un proyecto que un municipio desarrolla junto con organizaciones de la sociedad civil: una escuela de vocería, acompañamiento a cada organización para elaborar su agenda y mesas de diálogo con el gobierno local. Si el informe anual dice cuántas mujeres asistieron a la escuela o cuántas mesas se realizaron, describe lo que el proyecto hizo. Si presenta esos números como resultados, pone la vara en el primer escalón. El resultado que interesa está más arriba: que las organizaciones de mujeres ejerzan una vocería efectiva ante el gobierno local.
Para que esa expresión se vuelva observable hace falta, antes que nada, una definición conceptual: un enunciado que diga qué entendemos por el resultado y que lo apoye en algún marco que le dé sentido. En este caso sirven dos referencias. Del Banco Mundial tomo la noción de agencia, entendida como la capacidad de tomar decisiones sobre la propia vida y de actuar en consecuencia para alcanzar un resultado buscado, sin violencia, represalias ni miedo (Klugman et al., 2014). La vocería sería una expresión pública y colectiva de esa agencia. De la metodología de Diálogos Local a Local de la Huairou Commission tomo la idea de que las organizaciones de mujeres acuerdan primero sus prioridades y luego sostienen un diálogo continuo con el gobierno local, lo que excluye el reclamo aislado.
Con esos apoyos, una definición posible sería la siguiente: la vocería efectiva de las mujeres ante el gobierno local es la capacidad de las organizaciones de mujeres de llevar ante las autoridades municipales, a través de voceras que las representan, demandas y propuestas elaboradas colectivamente, y de obtener de esas autoridades reconocimiento como interlocutoras y respuestas fundadas a lo planteado.
Leída despacio, la definición contiene cuatro exigencias. Quien habla representa a un colectivo. Habla efectivamente ante el gobierno local. Lo que dice es una propuesta con fundamento. Y el gobierno la reconoce y responde. Cada exigencia supone la anterior, aunque no garantiza que se logre la siguiente. Esas cuatro exigencias son las dimensiones del resultado, y creo que buena parte del valor del ejercicio está en haberlas hecho visibles: antes de la definición, «vocería» era una sola palabra, y ahora son cuatro preguntas que se pueden responder por separado.
Otra definición sería defendible. Si «efectiva» incluyera, por ejemplo, que las propuestas se incorporen a las políticas y al presupuesto municipal, el resultado sería más ambicioso y dependería aún más de factores que el proyecto no controla. Lo que me parece difícil de justificar es no tomar ninguna.
De cada dimensión a sus huellas observables
El paso siguiente consiste en buscar, en cada dimensión, manifestaciones que puedan observarse y registrarse. Ninguna agota la dimensión a la que pertenece. Elegimos las que parecen más significativas y, entre ellas, las que resultan más prácticas y económicas de registrar con alguna frecuencia. Los plazos y umbrales que fija la tabla, como los sesenta días del último indicador, son defendibles y a la vez arbitrarios, como cualquier umbral; lo que importa es que queden escritos y puedan discutirse.
| Dimensión | Manifestaciones observables | Indicador posible |
|---|---|---|
| Representatividad | Actas de asamblea con designación de voceras; agenda aprobada colectivamente; reuniones de devolución a la base | Porcentaje de organizaciones con voceras designadas y agenda aprobada por una instancia colectiva en los últimos doce meses |
| Presencia en la interlocución | Intervenciones registradas en consejos, mesas, audiencias públicas o presupuesto participativo; diálogos convocados por las propias organizaciones | Promedio de intervenciones de voceras por organización y por trimestre |
| Solidez de la propuesta | Propuestas presentadas por escrito; propuestas respaldadas por un diagnóstico, un mapeo comunitario o datos | Porcentaje de propuestas escritas que incluyen fundamentación con evidencia |
| Reconocimiento institucional | Respuestas escritas o en acta; convocatorias a las organizaciones por iniciativa del municipio | Porcentaje de propuestas formales que reciben respuesta fundada dentro de los sesenta días |
Algunas de estas manifestaciones son directas y otras son huellas indirectas. Que el municipio convoque a las organizaciones por iniciativa propia, por ejemplo, se lee como indicio de reconocimiento solo si se acepta un supuesto (que una autoridad convoca a quien considera interlocutor legítimo), y conviene discutir si ese supuesto se sostiene en cada lugar, como planteé en el artículo sobre indicadores proxy.
Hay además un control que conviene hacer sobre la tabla antes de darla por buena: verificar que cada fila describa en qué consiste la vocería y no qué la hace posible. La capacitación de las voceras, la fortaleza de sus organizaciones, la existencia de un consejo municipal de mujeres, el tiempo que les deja la carga de cuidados o la violencia política que enfrentan quienes hablan en público influyen mucho en el resultado, pero no son el resultado. Merecen seguimiento en otro lugar: como bienes o servicios que el proyecto entrega o como capacidades que genera, o como condiciones externas que el proyecto no controla y de las que depende su éxito. Una escuela de vocería como la que la organización salvadoreña ORMUSA desarrolla con mujeres de dos municipios produce capacidades necesarias, aunque no suficientes para dar por logrado el resultado.
La distinción puede parecer de escritorio, pero reconozcamos que posee consecuencias prácticas. Un tablero poblado de indicadores de condiciones puede mostrar avances sostenidos mientras la vocería, que es lo que importa, no se mueve.
Preguntas para identificar indicadores de género
Si tuviera que llevar este recorrido a la definición de indicadores de género en otro proyecto, lo resumiría en unas pocas preguntas. ¿Qué palabra abstracta sostiene el resultado principal, y qué entendemos por ella? ¿Qué exigencias sucesivas contiene esa definición? ¿Alguna de nuestras dimensiones describe una condición del resultado en lugar del resultado mismo? ¿Lo que hoy informamos como resultado de desarrollo es, en realidad, un bien o servicio que solo contribuye a su logro? No creo que haya una forma única de responderlas. Lo que sí me parece es que responderlas antes de empezar a medir es la manera más directa de evitar que, dentro de unos años, alguien pueda decir de nuestro proyecto lo mismo que del presupuesto participativo: sabemos cuántas llegaron, no cuánto pesaron.
Este es el trabajo analítico que te invito a realizar en el curso-taller Indicadores: indicios y señales para tomar decisiones en la gestión del desarrollo. Allí, cada participante toma el resultado más abstracto de su propia iniciativa, lo define, lo desagrega en dimensiones y busca, en diálogo conmigo y con otros participantes, las manifestaciones que permiten seguirlo.
Referencias
Huairou Commission. (2011). The Local-to-Local Dialogue resource manual: A guide for grassroots women-led engagement with local government and decision makers (S. Silliman, Ed.). https://huairou.org/wp-content/uploads/2015/12/L2L-Manual-for-web.pdf
Klugman, J., Hanmer, L., Twigg, S., Hasan, T., McCleary-Sills, J. y Santamaria, J. (2014). Voice and agency: Empowering women and girls for shared prosperity. Banco Mundial. https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/8de28560-f483-588d-a221-fb5e6abd09cd
ORMUSA. (2026, 4 de septiembre). Mujeres de La Libertad Centro fortalecen sus capacidades para la vocería y la incidencia comunitaria. https://ormusa.org/mujeres-de-la-libertad-centro-fortalecen-sus-capacidades-para-la-voceria-y-la-incidencia-comunitaria/
Valverde Viesca, K., Varela Guinot, H. y Medina Valderrábano, L. (2026). Participación ciudadana en la CDMX: transversalización de la perspectiva de género y el presupuesto participativo. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 71(256). https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2026.256.88525
Imagen
Anónimo, A Versaille a Versaille, du 5 octobre 1789. Aguafuerte coloreada, 1789, 16,8 × 26,9 cm. París, Museo Carnavalet (inv. G.27955). Dominio público, CC0 (Paris Musées). https://www.parismuseescollections.paris.fr/fr/musee-carnavalet/oeuvres/a-versaille-a-versaille-du-5-octobre-1789
Para ampliar
CISCSA y Red Mujer y Hábitat de América Latina. (2019). Agenda derechos de las mujeres a la ciudad de Córdoba (Proyecto Voces de Mujeres). https://www.redmujer.org.ar/publicaciones
PNUD, ONU Mujeres e IDEA Internacional. (2017). Atenea: paridad en la toma de decisiones, una oportunidad para una democracia de calidad. https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2017/07/atenea-paridad-en-la-toma-de-decisiones
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