Monitoreo de programas de empleo: a qué paso vamos

Cuando una iniciativa de formación para el empleo ya está en marcha, preguntar si el cambio buscado ocurrió recibe, durante meses, la misma respuesta. Quizá convenga preguntar cuánto falta y a qué paso se avanza.
Corredera de barco: carretel de madera con cabo, tablilla de madera con borde metálico y pequeño reloj de arena
Antes del cronómetro y del GPS, los marinos medían la velocidad arrojando al agua un tablero atado a un cabo con nudos y contando cuántos pasaban entre las manos mientras corría un reloj de arena. La lectura no decía si el barco llegaría a puerto, pero sí con qué rapidez avanzaba. Repetida a intervalos, mostraba si esa velocidad aumentaba o disminuía. Con la velocidad, el rumbo y las horas navegadas se calculaba dónde estaba el barco, lo que se llama navegación por estima, y se corregía el rumbo si la estimación se apartaba de lo previsto. De ahí viene que todavía hoy la velocidad de los barcos se exprese en nudos.

En el artículo anterior conté por qué conviene escribir el cambio buscado en pasado al diseñar una iniciativa de este tipo. Este trata de lo que ocurre después: cuando el proyecto ya camina, las preguntas tienen que cambiar de forma.

La pregunta que siempre llega primero

En las reuniones de seguimiento de una iniciativa de inclusión laboral para mujeres en situación de vulnerabilidad social que me tocó acompañar, una pregunta ordenaba todas las reuniones: ¿las mujeres ya consiguieron trabajo? Tenía sentido que fuera esa, porque es el cambio que la iniciativa se propuso y el que justifica el esfuerzo. El problema es que, durante buena parte de la ejecución, la respuesta honesta era «todavía no». Y una respuesta idéntica mes tras mes no ayuda a decidir si conviene ajustar el rumbo.

Sin embargo, esa pregunta nace de una buena práctica de diseño. Al planificar, conviene escribir el cambio esperado como si ya se hubiera producido: «Las mujeres de los barrios populares acceden a puestos de trabajo formales y se sostienen en ellos». La frase ayuda a ver el destino y a ponerse de acuerdo sobre cuál es. Pero describe el punto de llegada. Cuando se la convierte en pregunta durante la ejecución, lo que se obtiene es una fotografía: el estado de las cosas en un momento, que se cierra con un sí o con un no.

De la foto a la película

Aquello que el equipo que gestiona necesita saber es si se está acercando o alejando de ese punto de llegada, a qué distancia se encuentra y a qué paso avanza. Esas preguntas se responden viendo la película, que junta muchas fotos sucesivas y deja ver el movimiento. En la práctica, eso significa tomar un indicador, compararlo con una referencia y medirlo a lo largo del tiempo: así aparece una tendencia, es decir, hacia dónde se va y a qué paso. Pasar de la pregunta de foto a la de película lleva a un análisis en tres pasos.

El primero es nombrar la manifestación observable del resultado, no el resultado. En una iniciativa que combina formación en aula y práctica en empresas, lo que se ve mientras el cambio va ocurriendo es, por ejemplo, qué porcentaje de las mujeres inscriptas completa cada etapa, o cuántas ya están en una pasantía.

El segundo, fijar contra qué se compara. Un número aislado no distingue ir bien de ir mal. Hacen falta el punto de partida, el de llegada y lo previsto para esa fecha. La gestión por resultados lo plantea así al definir el monitoreo como la comparación de los resultados reales con los esperados. La pregunta ya no es si las mujeres completaron la pasantía, sino qué porcentaje la completa frente al porcentaje que, para esta fecha, haría posible llegar a la meta.

El tercero, decidir cada cuánto se mira. La frecuencia es parte de la pregunta, porque define cuántas fotos habrá para armar la película, y la fija la naturaleza de lo que se sigue. Lo que una iniciativa entrega, como entrevistas de orientación o inscripciones, se sigue cada semana o cada mes. Los cambios en las personas, como la proporción que busca trabajo activamente, se siguen en ciclos de tres o cuatro meses. Y el empleo que se conserva, que solo puede juzgarse con el paso de los meses, se sigue cada seis meses o una vez al año.

Qué conviene mirar, según lo que muestran las evaluaciones

Las evaluaciones sugieren dónde ubicar la mirada. En Chile, el Bono al Trabajo de la Mujer, un subsidio que se cobra en cuotas mientras la mujer mantiene un empleo formal, mejoró la probabilidad de tener un empleo formal (medida por quienes aportaban a la seguridad social) solo en quienes llegaron a cobrar al menos la mitad de las cuotas, es decir, en quienes permanecieron en el empleo formal buena parte del tiempo. Si eso se confirma en otros contextos, importa seguir cuántas mujeres sostienen el vínculo, mes a mes, y no solo cuántas ingresaron a un empleo.

En Jordania, los vales de empleo, que se entregaban a egresadas de institutos terciarios y que las empresas canjeaban, al contratarlas, por un monto equivalente al salario mínimo durante hasta seis meses, elevaron la probabilidad de trabajar, pero el efecto terminó cuando vencieron los vales. Una iniciativa que se mide solo hasta que termina no puede saber si el cambio se sostuvo. En ambos casos, importa preguntarse, en cada barrio y en cada cohorte, a qué ritmo y en qué momento dejan las mujeres la formación o el empleo.

Lo que una serie de datos no explica

Una tendencia dice hacia dónde se va y a qué paso, pero no por qué ni qué tan eficaz es la intervención. Si en un barrio la permanencia en la formación cae durante tres observaciones seguidas, el equipo tiene una señal de alerta, aunque todavía no sabe por qué sucede. La misma caída puede tener causas muy distintas, y cada una pide una decisión diferente; la tendencia no permite saber cuál es. Entonces se suma una pregunta distinta, de las que indagan causas: ¿faltó quien cuidara a los hijos? ¿El traslado hasta el empleo se volvió demasiado largo o costoso? ¿La práctica laboral se parecía a lo que las mujeres esperaban?

De todo esto se desprende que la pregunta que vale la pena llevar a la próxima reunión de seguimiento no es si las mujeres ya consiguieron trabajo, sino cuánto falta para que lo consigan y a qué paso vamos. Identificar las pocas preguntas que cada iniciativa necesita responder en cada momento, tanto las que siguen su avance como las que indagan sobre las causas de los desvíos, es lo que trabajamos en el curso-taller Proceso Gerencial de Monitoreo y Evaluación, sobre los proyectos de interés de cada participante.

Referencias


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